Nadia les cuenta a los haduen el cuento: "el pequeño vampiro y el gran amor"

Cansado y hambriento volvió Antón a casa del curso de cerámica. Abrió la puerta de la casa y comprobó con alegría que olía a patatas recién asadas. Colgó rápidamente la chaqueta en el guardarropa y fue a la cocina. Su padre estaba sentado a la mesa cortando pepinos en pequeñas rodajas.
- Hola Antón- dijo, y con una pequeña sonrisa añadió: tienes visita.
- ¿Yo?...¿visita?
- Sí, ella te está esperando en su cuarto.
- ¿Ella?- repitió desconcertado Antón- ¿En mi cuarto?
Su padre rio irónicamente.
- Te estás poniendo colorado.
- ¡De ninguna manera!, repuso Antón, pensando que ella podía escucharlo todo. Susurrando preguntó: ¿quién es?
Su padre se rio y... no dijo nada más.
Antón abandonó la cocina desconcertado, una chica...en su casa... a las siete y media de la tarde. No sabía si tenía que alegrarse o enfadarse. Abrió cautelosamente la puerta de su cuarto y...Ana estaba sentada en su cama. Tenía la luz encendida y leía con la cabeza echada hacia delante. Sus cabellos castaños estaban perfectamente peinados y se la hubiera podido tomar como una chica completamente normal...¡de no ser por el ligero olor a moho y por su negra y raída capa de vampiro!.
Antón entró en el cuarto, tomó aire profundamente y dijo:
- Buenas tardes, Ana.
Ella levantó la vista del libro. Cuando reconoció a Antón sus pálidas mejillas se tiñeron de rosa.
-¡Antón!, ¡Por fin volvemos a vernos!
Dejó su libro al lado y fue hacia él sonriendo. Antón miró fijamente su boca como aterrado: ¡Sus colmillos se habían vuelto largos y afilados!.
Ella advirtió su mirada y enrojeció.
- No tienes por qué tener miedo, yo nunca te haría daño.
A Antón le zumbaba la cabeza y no sabía qué decir.
-¿Es que no te alegras?
- ¿Alegrarme!, ¿de qué?
- De que yo sea ahora un auténtico vampiro. Ahora Rüdiger no puede decirme Ana la desdentada, la única de la familia que se alimenta de leche. Ahora me llamo Ana la Valiente. Ella se estiró riéndose.
-¡Vaya cara de vinagre que pones! exclamó después sorprendida.
-Yo...-murmuró Antón retrocediendo hasta la puerta- es que tengo que acostumbrarme primero a...ejem...tus dientes de vampiro.
- Sí, yo también, todo ha cambiado de repente, sólo tú, sigues gustándome exactamente igual que antes.
Antón notó cómo poco a poco se iba poniendo colorado, colorado.
Ella se estaba acercando para darle un beso y Antón se desmalló. Ella le echó un jarro de agua fría y... Antón se despertó y vio que era solamente un sueño. En ese momento su padre le llamaba para desayunar, de repente se encuentra a Ana en la cocina desayunando, su padre le dice:
- Hola hijo, ha venido Ana a pasar un mes con nosotros-
-¡Noooooooooooooooooooooooo!
- ¡Antón!, ¿ así se da la bienvenida a una señorita?
Autora: Nadia Barbero. 5º de primaria.

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