En lo más profundo del bosque vivían los haduen, inteligentísimos y muy trabajadores, que con su forma de vida, eran inmensamente felices. Un mal día, uno de estos, el más anciano, cayó enfermo, y, ni tan siquiera la bruja pudo preparar una medicina que curase a Salteniuss, éste eral el nombre de este anciando haduen.
Reunidos todo el consejo de haduen, tales como el más antiguo de los carpinteros, de los mineros, de los cocineros, de los leñadores. Todos tomaron una decisión: había que ir a la ciudad de los humanos para que se trajeran medicinas, así que pensaron en Caletín y Fergomilo.
Una mañan, antes del amanecer, con sendas mochilas a la espalda, se pusieron en camino de la gran ciudad de los humanos, ésta se situaba junto al río que había al final del bosque, y estos valientes haduen, se pusieron en marcha para conseguir la medicina que hacía falta para curar la fiebre al màs anciano del bosque.
Cruzaron arroyos, saltaron árboles caídos, se iban escondiendo de todos los animales dañinos que pudieran comérselos y, con gran valentía, llegaron a la ciudad.
Todos los habitantes del pueblo con los que se cruzaban se quedaban fascinados de su estatura y de sus vestidos de colores, y más aún de ver a Caletín y Fergomilo preguntando dónde vivía el médico o farmacéutico de la ciudad. Cuando dieron con la casa del farmacéutico, le ofrecieron a cambio de la medicina tres diamantes que llevaban en sus mochilas, los cuales habían sido encontrados por ellos mismos en la mina que tenían en lo más profundo del bosque.
El farmacéutico maravillado por las piedras preciosas, no dudó un instante en cambiárselas por un frasquito que contenía el preciado medicamento.
Introdujeron este frasquito en la mochila de Caletín y se pusieron en marcha para volver al bosque, pero, al cruzar el río, una enorme rana atrapó con su pegajosa lengua un brazo de Fergomilo y no había forma de soltarlo. Caletín, demostrando un gran valor, golpeó con una piedra un ojo de la rana y ésta no tuvo más remedio que soltarle. Huyeron despavoridos de nuevo al cobijo de la espesura del bosque.
Cuando regresaron fueron recibidos como héroes, y una vez administrada la medicina a Salteniuss, recuperó su salud y, una vez restablecido, quiso que la aldea donde vivían estos haduen se llamase Villa de Caletín y Fergomilo, por haberse atrevido a llegar a la gran ciudad y traerle la medicina que le curase.
Autora: Beatriz Sánchez Aguado. 6º B M.B. Cossío.
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