Una mañana muy tranquila Caletín se despertó y corriendo dijo chillando a Fergomilo:
-¡Fergomilo, Fergomilo!, ¡corre que hace un día espléndido para buscar nuevas aventuras!.
-¡Cinco minutos máaaas!.
- No, venga que el tiempo no se recupera.
- Vale, vale,- dijo Fergomilo con unas ojeras tremendas.
Rápido se vistieron los dos y salieron a buscar aventuras. Cuando llegaron a un claro de la montaña que usaron como parque, lo primero que hicieron fue montarse en un balancín. Fergomilo retó a Caletín a ver quién llegaba más alto. Por supuesto y, como siempre, ganó Fergomilo. Como Fergomilo se balanceaba tanto y tan alto, el bocadillo que llevaba en el bolsillo salió disparado y cayó en la arena. Al verlo, Fergomilo paró el balancín, y fue rápidamente a recoger el bocadillo. Caletín le consoló y le dio la mitad del suyo. Fergomilo, muy agradecido, lo cogió y cuando fue a dar su primer mordisco, ¡clin!, se le había caído un diente.
Los dos corriendo fueron de vuelta a casa y cuando llegaron gritaron:
- ¡Mamá, mamá! ¡Se me ha caído un diente!
La mamá les explicó que a los niños humanos cuando se les caía un diente, por la noche lo dejaban debajo de la almohada y un ratoncito llamado Pérez, les dejaba un regalito debajo de la almohada.
Caletín y Fergomilo se quedaron asombrados porque su madre no les había contado nunca esto a ninguno de los dos. Cuando terminaron de hablar con su madre, se reunieron los dos solos en su habitación. Fergomilo tuvo una idea y le dijo a Caletín que iban a hacer una trampa para capturar al ratoncito Pérez, porque seguro que también iría a ver a dos niños haduen como ellos.
Caletín aceptó ayudarle. Los dos se pasaron el resto de la mañana y toda la tarde preparando la trampa.
Cuando ya llegó la hora de cenar, Caletín y Fergomilo estaban muy ansiosos y, cuando por fin llegó la hora de dormir, los dos corriendo se metieron en sus camas y, con los ojos medio cerrados, esperaron que llegase el momento. Pero estaban tan cansados que al final se quedaron durmiendo.
Al día siguiente, Caletín se levantó el primero, y como siempre despertó a Fergomilo...
-¡Fergomilo, Fergomilo...que no está!
-Mmm, que no está el qué.
- Pues, ni el ratoncito Pérez ni tu regalo, ¿qué va a ser si no?
Fergomilo saltó de la cama con los ojos como platos y pensaba en lo que podría haber fallado de su plan. Los dos se vistieron rápido, cogieron el bocadillo y se fueron a la montaña. Revisaron el pueblo de arriba abajo y viceversa.
Cuando se hizo de noche volvieron a casa y se lo preguntaron a sus padres. Sus padres lo único que les dijeron es que buscasen en su imaginación.
Cuando Fergomilo se fue a dormir, el diente seguía bajo la almohada. Reflexionó sobre la búsqueda y al final comprendió que la imaginación es fundamental para la vida y que él se había cegado con las ganas de coger al ratoncito.
Al día siguiente Fergomilo se despertó primero y notó algo bajo la almohada, la levantó y el ratoncito Pérez le había dejado un fantástico coche de carreras. Fergomilo despertó corriendo a Caletín y ambos fueron corriendo a enseñárselo a sus padres, que se alegraron mucho.
Salieron a jugar con él y aprendieron una lección sobre la imaginación.
Autora: Laura Pereira de Pablo. 5º de primaria.
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