Érase una vez dos haduen llamados Caletín y Fergomilo, eran hermanos y siempre tenían ideas geniales. Un día Caletín preguntó a Fergomilo:
- ¿Por qué no construímos una máquina del tiempo?
- Porqué no, ¿será muy difícil?
- No si tú me ayudas.
- Vale, ¡a la carga!.
- ¿Dónde iremos?
- Iremos a casa de Maily para enseñársela.
Pulsaron el botón, pero no pasaba nada.
- ¿Por qué no funciona?- preguntó Caletín.
- Porque no hemos escrito dónde queremos ir.
- ¡Aaaaaah! pues ponlo.
- Vale, vale, allá vamos.
Llegaron a casa de Maily.
- ¡Hola!, ¿cómo habéis llegado hasta aquí?.
- En nuestra máquina del tiempo.
- ¡Cómo mola!, ¿puedo viajar con vosotros?.
- ¡Vale!, ¿dónde quieres ir?- preguntó Fergomilo.
- Pues a Ibiza a bañarnos.
- Nos quedan sólo dos viajes - dijo Caletín- para la ida y la vuelta.
Hicieron el recorrido y cuando volvieron la máquina del tiempo desapareció por arte de magia y seis semanas después, Caletín y Fergomilo no se acordaban de nada.
Autor: Adrián Sanandrés Campos 4º de primaria.
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